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“El comunismo falló cada vez que fue probado”. Elon Muz.
Por cierto, los candidatos de la oligarquía “criolla” y la vocería de la derecha proyanqui, afirman lo mismo que Elon Musk.
Elaborado por: Jorge Luis Oviedo
17 nov (AHN) Elon Musk —ese moderno oráculo que, entre lanzamiento y lanzamiento, dicta sentencia sobre el mundo— proclamó en medio de la pandemia de la Covid19, en 2020, que “el comunismo falló cada vez que fue probado”.
Y, como suele ocurrir con los modernos profetas y heroínos capitalistas, millones repitieron la frase con la misma devoción con que se repite una frase publicitaria sobre refrescos o hamburguesas.
Porque los mitos, para que funcionen, deben vocearse o, incluso, cantarse en coro.
Lo curioso es que, si uno se digna a observar la realidad —ese incómodo espejo que suele contradecir a estos multimillonarios inspirados—, descubre que la afirmación es más bien otra pieza del folclor capitalista. Una de esas que se repiten sin necesidad de comprobación, como la existencia del “libre mercado” o la nobleza de las corporaciones alimentarias o que “los pobres han existido siempre” y “los que trabajan duro siempre se vuelven ricos”. Ilusionismo circense y barato.
Tomemos, por ejemplo, al Partido Comunista Chino. Ahí está, el tan fracasado PCCh, que ha sacado de la pobreza a más de 800 millones de personas. No, no expulsándolas de sus tierras, ni arrojándolas hacia fronteras hostiles para que otros países carguen con la miseria —método preferido por ciertas democracias occidentales—, sino creando un proceso industrial, científico y tecnológico sin precedentes. En menos de treinta años superaron a la Europa que presume de siglos de “civilización” y alcanzaron, en varios sectores, al arrogante Estados Unidos, la tierra prometida del emprendimiento… siempre que el emprendedor esté apalancado por un banco o un fondo de inversión o por el Tesoro de EE. UU.
Pasemos a la Unión Soviética. ¿Fracasó? Tal vez. Pero antes de hacerlo derrotó militarmente al nazismo (¡poca cosa!), envió seres humanos al espacio y se convirtió en potencia militar. Un fracaso muy particular, digno de estudio: derrumbarse después de alcanzar logros que otros solo ven en documentales de historia. Y habría que meter en el costal de los fracasos a la actual federación rusa. Sí esa Rusia que conserva y ha fortalecido muchas empresas públicas, algunas de ellas provienen de la Unión Soviética (URSS) y donde el Occidente Hegemónico de pura casualidad ha fracasado tantas veces intentó conquistarla.
Y está Cuba, pequeña, la isla rebelde de los barbudos, bloqueada con dedicación casi religiosa por la mayor potencia bélica del planeta: el Imperio del Terror, que actualmente agrede, impunemente, el Caribe (con dedicatoria a Venezuela); sí, Cuba creó un sistema educativo y otro de salud que muchos países del Norte solo pueden envidiar entre apagones en hospitales privatizados. Además —hay que decirlo— moldeó un modelo de solidaridad humana que no suele enseñarse en las escuelas de negocios. Y sobra qué decir de lo fracasado que son sus atletas. Tan fracasados que superan con frecuencia a las potencias hegemónicas europeas en las olimpiadas, que, convenientemente, jamás han sido asediadas por un bloqueo económico. Por cierto, Javier Sotomayor (un cubano, Chico) tiene desde 1993, el récord mundial de salto de altura (2.45 metros) y esto que solo le daban una pata de pollo al mes; según dice un señor que quiere ser presidente de Honduras.
¿Y qué decir de Venezuela? A veces parece que basta con que un presidente libertario —o libertariano, o libertino o libertarucho desquiciado— arroje insultos para que la mitad del mundo declare la muerte del proyecto bolivariano. Pero las estadísticas reales (y la realidad in situ), no las elaboradas en oficinas adornadas con las banderas de las “agencias de calificación”, muestren otra cosa: construcción y adjudicación masiva de viviendas (Más de 5 millones 200 mil soluciones habitacionales), más del 90 por ciento de abastecimiento de alimentos producidos en el país, en mercados y supermercados, superando así la dependencia alimentaria importada que generó la exportación petrolera desde mediados del siglo XX; pero, además, mejoras sociales y un nivel de organización que ya quisieran otros países. Y todo ello, pese a las más de mil y una medidas coercitivas unilaterales…
Perdón, no son tantas como los cuentos árabes que narra Sherezade; son a duras penas 926, que forman parte de la agresión de EE. UU. además de apropiarse ¿qué libre comercio y qué ocho cuartas? de miles de millones de dólares, de cerrar unilateralmente centenares de gasolineras y varias refinerías que operaban en territorio de la libertad… bueno, comprobado está: de la libertad de injerencia, agresión, invasión y saqueos y lanzamientos de misiles contra pequeñas embarcaciones y en el Caribe; y, claro no podemos olvidar la libertad de practicar genocidios masivos lanzando bombas atómicas. ¡Qué buenos son los libertarios!
Pero vayamos al meollo o como también se dice por acá, vamos al rollo: ninguno de esos partidos comunistas construyó una sociedad comunista. Ni chinos, ni cubanos, ni vietnamitas, ni siquiera los soviéticos se lanzaron de lleno al salto final hacia ese horizonte.
Lo que llevaron a cabo fue un experimento socialista —con sus aciertos, torpezas y contradicciones— a la vista de todos, sin ocultarse detrás de trusts, fondos opacos, paraísos fiscales o ejércitos privados.
Cosa que no se puede decir del Occidente capitalista, experto en administrar sus “éxitos” mediante invasiones, golpes de Estado y bases militares con nombres de libertad. Si alguien duda, puede revisar la historia de América Latina, África, Asia o cualquier otro lugar donde haya recursos útiles con que se han saciado con avidez los principales accionistas de las corporaciones; algunos de los cuales, suelen ser anónimos (como las sociedades mercantiles con fines de lucro y como muchísimos alcohólicos.
Para ir más lejos: las comunidades nativas de Norteamérica —sí, esas que casi fueron borradas del mapa por la expansión “civilizadora”— vivían bajo formas de vida comunales que hoy llamaríamos, con gesto despectivo, “primitivas”. Curiosamente, eran sociedades más equilibradas ecológicamente que cualquier metrópoli industrial del presente. Pero claro, el progreso avanzó sobre ellas como un tren sin frenos, dejando tras de sí un genocidio que aún hoy se oculta tras películas del Oeste y discursos sobre la libertad.
Y mientras tanto, los capitalistas se vanaglorian de su obra civilizatoria: un mundo donde menos de cien multimillonarios poseen más riqueza que cuatro mil millones de seres humanos. Un récord histórico, sin duda; pero de la desigualdad estructural.
Si eso es “éxito”, bienvenidos sean los premios para carroñeros. Que celebren mientras puedan. Porque las estadísticas —esas enemigas naturales de la propaganda— revelan algo incómodo: el capitalismo es, probablemente, la ideología más fracasada que este planeta ha tenido que soportar, al menos en términos de igualdad, sostenibilidad y beneficio colectivo.
Debemos reconocer que los mayores capitalistas son campeones provocando genocidios, extinguiendo totalmente poblaciones originarias como sucedió en el Caribe durante la expansión conquistadora de la civilizadora Europa Occidental; son campeones en el despojo, la explotación infantil, en la precarización del trabajo y en la contaminación ambiental, ya que me acuerdo.
Y en lo que, a estadísticas sobre desigualdad, ahí están los datos, accesibles para quien tenga el valor de mirar el portal de la desigualdad global. https://wid.world/es/pagina-de-inicio/
Pero claro, hay que creerle a Musk, es un dignísimo representante de la teología de la prosperidad y no la del fracasado cristianismo de la renuncia a los bienes materiales que predicó Cristo.
Y, sin embargo, y aquí está la ironía suprema: el comunismo no solo no ha desaparecido, sino que formó parte de la humanidad durante decenas de miles de años. Era lo habitual durante toda la prehistoria humana y gran parte de la historia, incluso de la historia moderna… o ¿Cuál es la fracción de tiempo que representan 500 años? Si 500 años comparamos con nuestros ancestros que comenzaron sus andanzas hace medio millón de años; pero como en las rebajas de los Viernes Negro, dejémoslo en 12 mil años (orígenes calculados para las primeras las civilizaciones y la Historia); tampoco es mucho. El capitalismo es una excepción, un cáncer que más temprano que tarde será extirpado.
Las sociedades comunales fueron la norma, no la excepción. Lo excepcional —y lo efímero, hay que admitirlo— es el capitalismo, ese sistema devorador que, en su desesperación por expandirse, ya sueña con colonizar otros planetas.
Y, por cierto, cualquier familia numerosa (y no tanto como la de 15 integrantes en la que yo crecí), de 5 a 6 integrantes, se renueva la comunidad, lo común; la tenebrosa célula comunista que amenaza egoísmo libertario.
Porque, al final, cuando el humo del espectáculo empresarial con su estafa financiera continua, se disipe, quedará claro que el verdadero “fantasma del comunismo” no es una amenaza ideológica, sino el simple recordatorio de que la humanidad vivió, durante la inmensa mayoría de su historia, en comunidad, no en competencia depredadora contra su propia especie; y ese comunismo, esa conducta gregaria sigue viva; y ahora, por ejemplo, en China son MIL CUATROCIENTOS CUARENTA MILLONES DE PERSONAS, los que gobierna el fracasado PCCh
Y quizás —solo quizás— ese fantasma esté comenzando a despertarse otra vez.
Y, por cierto; en Honduras, Nicaragua, Cuba, Venezuela y China (para no alargar la lista) ya no existen propietarios de viviendas y tampoco quedan niños, porque todos fueron devorados en banquetes… Perdón, perdón fue un autor inglés al que se le ocurrió que había que comerse a los niños pobres para erradicar la pobreza. Aprovecho para que les quede de tarea tan genial idea para matar dos pajarracos de un disparo: acabar con la pobreza, y comerse un plato exótico los interesados en tan noble acción.
Y qué cosa, resulta que, en Honduras, donde el interés para acceder a una vivienda social es del 4 por ciento en el gobierno comunista de Xiomara Castro. Con el agravante de que Rixi Moncada amenaza democratizar el acceso al crédito, para lo cual cerrará la Central de Riesgos, esa paradisíaca base de datos financieros que tanto aprecian los banqueros y sus amigos, los grandes empresarios.
Finalmente, le dejo unas citas de José Cecilio del Valle, que era liberal y no libertario; y tampoco de derecha fascista:
“Hombres inhumanos, ¿hasta cuándo cesareis de ser injustos con vuestros semejantes? ¿Hasta cuándo será vuestro Yo la plaga de la especie? Dais luces a vuestros hijos porque son un bien las luces, ¿y no querréis que gocen ese bien vuestros semejantes? Profesáis la religión que os ordena amar a los demás como a vosotros mismos ¿y no querréis para los demás lo que deseáis para vosotros?”
“El hombre no es propiedad del hombre. Todos son individuos de una especie: en todos hay derechos que el movimiento del tiempo no puede hacer que sean proscritos. Si se han unido en sociedad, no es para ser unos esclavos de otros. Es para su pro comunal.”
“Los hombres en todos los tiempos cambiamos trabajo por trabajo, servicio por servicio, porque nadie jamás se bastó a sí mismo.”
La opinión del autor no necesariamente responde a la línea editorial de la Agencia Hondureña de Noticias.
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